miércoles, 12 de enero de 2011

I

¡Qué ganas de orinar que tenía! Qué ganas de sentir esa sensación casi orgásmica que significa el correr del agua desde su pene hasta el excusado. Debía vaciar su vejiga cuanto antes. 'En cualquier momento esta huevada se revienta' pensaba. No contaba con que el propio baño se le adelantaría a su cuerpo justo en esa acción. No es su culpa. Nadie daría por hecha semejante barbaridad. Sin embargo, ridículo como era, todo eso estaba ocurriendo en realidad.
No tenía tiempo para preguntarse nada. Caminando como pudo, se acercó a la esquina para pedir un taxi. No le importaba el precio. Nada le importaba salvo llegar a casa. Y rápido. Tan rápido como una micro jamás llegaría.

- ¿Dónde?
- Churchill con Chichén Itzá -contesto Bocanegra, con una voz que denotaba su urgencia. La explosión aceleró aún más los procesos de su ya apresurado sistema urinario.
- Ok. Viene de Hirche, ¿cierto? ¿Qué pasó? ¿Fue el baño otra vez?- preguntó el taxista, quien por su voz y su rostro parecía encontrar chistosa la idea.
- Sí, fue el baño -A Bocanegra no le importaba lo que había ocurrido salvo por el hecho de que le había impedido orinar. Orinar. Orinar. Orinar. El verbo sonaba como un eco en su cabeza. Orina. Agua. Inodoro. Vejiga. Pene. Uretra. Era lo único trascendente en sus pensamientos-. Disculpe, pero necesito que vaya rápido. Estoy en una urgencia. No necesito explicarle cual.

El taxista rió, tanto por Bocanegra como por el demoledor de baños. Accedió a buscar un atajo. 'Médica o Avenida Nahuel' dijo. Bocanegra prefirió Médica. 'Mal. Muy mal', pensó luego. La calle estaba en malas condiciones, lo que hizo que el taxista fuera en extremo cauteloso. De haber preferido Nahuel quizás ya estaría cerca de casa, supuso.
El taxista ahora manejaba como si su coche fuera un jarrón de porcelana fina. Bocanegra se dijo a sí mismo que, dadas las condiciones en que se encontraba y su forma de manejarlo, el taxista vivía por su Hyundai recién comprado. Seguramente costó una cantidad de dinero importante para un hombre de clase media trabajadora como probablemente era ese hombre, y por lo tanto no quería que esa plata fuese invertida en vano.

- Mi auto es mi vida, compadre -semejante expresión provocó una sensación desagradable en Bocanegra, pese a que sospechaba de antes que lo dicho era cierto. ¿No era demasiado afirmar algo como eso? ¿Su auto es su vida? '¡No, no y no! ¡Eso no puede ser, está derechamente mal!'. En ese momento decidió que lo odiaba. Y también lo despreciaba. No sólo por materialista, también por traidor. Le había roto su promesa de ser rápido, de buscar un atajo para llegar antes a casa. En vez de eso, había sido más lento que nunca. Lo que también implicaba que debía pagarle más. El viaje que normalmente le costaría poco más de dos mil pesos ahora bordeaba los tres mil. Era como si le hubiesen apuñalado tres veces por la espalda-. Si le llegara a pasar algo, me muero. ¿Sabe? todavía no lo he asegurado. Una tontera. Igual sale caro, pero tengo que hacerlo ya. Imagínese si me lo chocan. Ahí sí que me voy a la cresta, viejo.

'Me trata como si fuéramos compadres de toda la vida, el infeliz' pensaba un malhumorado Bocanegra. Tenía ganas de vengarse de aquel desalmado, pero cómo hacerlo era el problema. De verdad que tenía muchas ganas, pero no se le ocurría nada. Por supuesto, en estropearle el auto estaba la papa. ¿Cómo hacerle un daño irreparable sin sacrificar la propia integridad física?

- ¿Oiga, amigo, qué huevada es eso de andar haciendo explotar los baños? ¿Pa' que, digo yo? Como si fueran a conseguir algo importante. Seguro son cabros jóvenes. Y demás que estaban curados. O peor, drogados. Sí, señor, esto es típico de...

-Uuuu... uuuughhh... aaaahhhh. Ahí sí, mucho mejor.

Su mente se había rendido en la búsqueda cuando involuntariamente logró justo lo que quería. La orina corría por la entrepierna de sus pantalones hacia el asiento. El placer era visible en la cara de Bocanegra. No sólo estaba contento por haber dejado libre a su esfínter, sino porque había consumado su vendetta. El auto estaba estropeado y no tenía vuelta.

- ¡Bájate, mierda! ¡Bájate de mi auto! ¡Y no quiero tu cagada de plata!

- Ok. Podís irte bien a la chucha, huevón. Yo te dije que estaba apurado y no me diste ni pelota. ¡Toma! -dijo, levantando el dedo mayor de la mano derecha y agarrándose sus húmedas partes íntimas con la izquierda.

Bocanegra se marchó hacia su departamento, con la cara de quien acaba de experimentar una pequeña gran victoria.
Con aires de triunfo se dirigió hacia su edificio. Chichén Itzá #190. Piso 12. Departamento 1202.
Se desvistió calmadamente y dejó sus prendas en el trasto de ropa sucia. La lavaría más tarde, luego de ducharse. Ahora no quería hacer nada. Quería olvidarse del taxista, del detonabaños, de sus jefes, de su familia, de todos. Sólo quería sentir el agua correr y luego echarse a dormir, para despertar recién al día siguiente.