miércoles 10 de febrero de 2010

Por qué Lavín no




Menudo rollo resultó ser el nombramiento del gabinete del Presidente electo, Sebastián Piñera. Que los ministros son muy tecnócratas y poco políticos. Que hay intereses creados porque casi todos son gerentes o asociados de grandes consorcios. Que Ravinet es un traidor porque se enroló con un gobierno de Derecha. Que esto, que lo otro, que la tía y la hermana y la abuela. La verdad de la milanesa es que esté quien esté, su función es ceñirse a su labor en sus respectivas carteras y hacerla con la prolijidad debida. Y es nuestra función como electorado (hayamos o no votado por el nuevo gobierno) exigir que se cumpla cada función a cabalidad, y reclamar, de manera responsable pero firme, por cada situación irregular y promesa incumplida, ejerciendo un derecho inherente a nuestra condición de ciudadanos.
Una designación particular, sin embargo, me dejó los pelos de punta cuando fue anunciada por los altoparlantes. Soy estudiante de Licenciatura en Educación en Inglés en la USACH, y si las cosas salen bien me titularé de profesor en cosa de un año y medio. Por eso, me interesaba particularmente saber quién asumiría la alicaída cartera de Educación, sucediendo a Mónica Jiménez, de nefasta gestión. Grande fue mi estupor cuando oí lo siguiente en mi televisor:

'El Presidente Electo de la República, don Sebastián Piñera Echenique, presenta a don Joaquín Lavín Infante, como Minstro de Educación...'

Oops...

A ver, Lavín en Educación...´

'Puta la Huevá' fue, literalmente, lo primero que pensé. Primero por un asunto personal. Porque en mi Universidad, obvio, casi todos detestan a Lavín, por ser emblema de la UDI, por ser Opus Dei, por ser de clase acomodada, por defender valores fundamentalistas en materia de moral y religión. En resumen, allá Lavín es el Diablo. Eso quería decir que este año quedaba la embarrada, sí o sí.
Ya más en frío y analizando la situación (y también hablando en serio), me di cuenta que efectivamente era un problema la designación de Lavín, pero por una razón de mucho más peso.
Personalmente, Lavín me cae la raja. Más allá de que no me gustan ni la mitad de sus ideas en lo político y tampoco en lo social y moral. Me cae bien porque pese a todo lo anterior, le creo. Le creo, por ejemplo, que el se cree lo que dice. Que el jura que lo que está diciendo es lo correcto. Le creo su cara de viejo-ñoño-y-fome-pero-de-buen-corazón. La dura que lo encuentro súper honesto. Y creo que eso y sólo eso ha jugado en su contra al momento de analizar su carrera política (bien sabemos todos que la política es el juego de los vivos y no de los buenos). Y lo habría puesto en cualquier otro Ministerio, feliz de la vida.
Pero jamás en Educación.
Es que lo del odio a Lavín no es broma. Es en serio. Y se extrapola a todas las universidades del Consejo de Rectores. Hasta ahora no conozco a nadie que estudie en una estatal y que le guste Lavín al mismo tiempo. Lavín es, a los ojos del universitario público tipo, un pechoño, fascista, acérrimo pinochetista y por tanto incapaz de poseer la mínima sensibilidad en materia de educación. Si hasta empezaron ya las tallas sobre la PSU de religión. Eso no más es necesario para darse cuenta lo pesada que tiene la pista este señor.
Yo en lo personal pienso que nadie puede ser tan malo. No quiero creer algo así. Quiero creer que Joaco se va a bancar su función con todas las de la ley, y que va a hacer lo posible por lograr avances, y que se la va a jugar al 100%. No le queda otra, además. Porque si lo hace mal, perdemos todos. Él y nosotros. Pierde él, porque su carrera política sufrirá un gran golpe, y perdemos nosotros, porque la educación sería la gran perjudicada. Y un país con la educación dañada es como un hombre herido en el centro del corazón.

Ojalá no más que todo salga bien.

Saludos.

PH. Con los ojos en la política (?)

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