
"Siiiunnnndaaaaa... tercera, mercurio, l'ultimah...teatchro comerciaaaal!"
Sólo por si lo pensaron, les advierto de inmediato que lo que voy a escribir no tiene nada que ver con el Carmelo (?). Voy a escribir sobre algo mucho peor aún, debido a su enorme influencia en la escena cultural chilena.
De un tiempo a esta parte, en Chile ha surgido con fuerza la idea de hacer 'teatro comercial' (ej.: 'Teatro en Chilevision'). Este género, representado en clave de comedia, tiene como función aparente 'describir a los chilenos tal cual somos'. Tiene una puesta en escena standard en la que conviven personajes 'típicos de la sociedad chilena' (alla Commedia Dell'Arte pero más poblete). Aquí es donde uno entra en conflicto consigo mismo y con la sociedad. Porque sabiendo que Chile no es el Jardín del Edén ni nada parecido, en estas obras todos los personajes, hombres y mujeres, son rematadamente vacíos y pencas. No parecen tener historia previa ni construcción más allá de lo visible, dando la impresión de que nacen cuando comienza la obra y mueren cuando termina, y su vida entera parece tener sentido sólo gracias al conflicto (generalmente muy banal, rozando lo vergonzoso) que se muestra en la escena. Además, todos los personajes, que lo representan a uno mismo en teoría, son irremediablemente malos, tontos y rotos. Y al final de la bora uno queda haciendo la siguiente pregunta: '¿Qué le hicimos a esta gente?'.
Es simple, pero no fácil (rara, pero frecuente dicotomía), describir un personaje tipo de esta clase obras. Pensé en mil maneras de describirlo de forma certera, sin caer en la odiosidad excesiva o en la intelectualidad de palo. Hasta que 'Lights in!'. Se me ocurrió la maravillosa 'CACACA trilogy'.
Repito, no tiene nada que ver con el personaje de Daniel Muñoz (quien me provoca sentimientos encontrados, precisamente porque aunque interpreta al bacán de Juan Herrera también creó a este olvidable personaje). The CACACA trilogy es un sistema que a mi ágil mente se le ocurrió para escribirle a Ud. Señor Lector acerca de las 3 características principales de estos personajes, divididas convenientemente en CA1, CA2 y CA3.
CA1 (Califa)
Los chilenos somos unos monstruos vanos y descerebrados con dos leit motivs: comida y sexo. Especialmente este último, que es nuestra fuerza conductora sobre la cual no tenemos control porque somos demasiado primitivos, subdesarrollados. Vemos una persona atractiva y no podemos evitar tirárnos como perros encima de la misma para poseerla. Importa un carajo que venga con un acta de desahucio o que nos acabe de informar que murió nuestra madre o conyuge de forma muy violenta. Lo único que hay en nuestra cabeza en ese moento (siempre, en realidad) es tener sexo con aquel objeto de deseo. Y, por supuesto, no nos podemos controlar, porque somos chilenos, o sea idiotas y sin voluntad.
CA2 (Cafiche)
Esta se da más con los hombres. Siempre cesantes, no tenemos ningún interés en conseguir un trabajo estable que nos permita mantenernos decentemente, y le caficheamos todo a nuestras parejas o a nuestros padres (que no cuestionan nunca que vivamos con ellos a los 40 años, porque también, obvio, son chilenos e idiotas). Estos nos mantienen sin siquiera chistar mientras nosotros perdemos dinero en apuestas, nos echamos 4 carreras universitarias, hacemos tratos muy sucios y, en el caso particular de la pareja, la engañamos con la primera entidad turgente y lasciva que se nos ponga enfrente. Nota aparte, garabateamos como quien toma agua. Como lo haría el chileno común y corriente, penca y mantenido forever. ¡Y a mucha honra!
CA3 (Cacho de paraguas)
Este es particularmente grave para la reputación del género masculino. Resulta que esta manga de visionarios sociólogos de las tablas cayeron en la cuenta de que tener una erección es para un chileno lo mismo que jugar en la NBA para Webster. O sea, algo imposible. Pero eso pasa con los personajes viejos, dirá usted. Se equivoca. !Todos tenemos problemas sexuales! (Sorpresa, existe una obra de este tipo con el mismo nombre. ¿Qué tal?) Nuestros penes son cadáveres irrecuperables en proceso de descomposición, incapaces de moverse un milímetro sin ayuda de un tarro de Viagra. Y si alguna vez dan la menor señal de vida, esta se apaga en cosa de segundos. Porque más encima somos eyaculadores precoces. Pero muy precoces, incluso más allá de lo que los urólogos han sido capaces de averiguar. Es cosa de ver a una mujer sexy y nos vamos al carajo al tiro, cayendo o moribundos o epilépticos al piso y rogándole a Dios que termine con el castigo de una buena vez. Pura chilenidad impotente y sexualmente paupérrima.
Por último, si es que en algún momento de la vida un productor de teatro comercial chileno llega a este blog, le quiero decir lo siguiente. Les recomiendo revisar los rankings de transparencia internacional, riesgo país y otros que hace la ONU y sus derivados. Cada día, Chile está mejor rankeado en todos ellos (menos el de la distribución de ingresos, pero bueno). Y eso es gracias al esfuerzo de todos y cada uno de nosotros. Así que un poco más de respeto, por favor. Y de piedad. Por sobre todo, piedad.
Saludos al Lector.
Pablo, su mejor amigo, siempre en la calle (?).

Oye ya tengo dos carreras y no tengo ni uno; soy un potencial CA2? Jajajajaj...
ResponderSuprimirSaludos desde la calle, desde lo social, desde donde siempre, tu amiga insufrible,
Jonny.